Esta historia que vamos a contar es una historia que sucedió entre dos personas que viven en Argentina.
Un hombre que vive en el sur, en la patagonia muy al ser del país y una mujer que vive en Salta muy al norte, Salta está en la frontera norte del país y hay miles de km entre uno y otro lugar.
Se conocieron en Internet en un encuentro en un chat y empezaron a conversar por internet durante semanas y semanas. Él, al que vamos a llamar Juan empezó a sentir que esa mujer con la que hablaba le parecía cada vez más atractiva. Ella empezó a sentirse cada vez más seducida por él, un día él le pidió que le mandara una foto y ella le dijo que no, que no le gustaba mandar fotos por Internet y allí quedó… conversando durante meses y meses.
Sucedió un dia que Juan se quedó sin trabajo, en esta dolorosa realidad del mundo y sobre todo de Argentina, Juan se quedó sin trabajo. Tanto se quedó sin trabajo que le dijo que iba a comunicarse menos con ella porqué no podía pagarse el servicio del cibercafé al cual iba para conectarse con ella.
Y de una increíble historia de amor y de amistad surgida así de repente casi sin conocerse ella le dijo que le iba a mandar dinero de préstamo. El dijo que no que no podía aceptar que le mandara que ni lo conocía y ella le dijo que ella tenía trabajo y que ya se lo iba a devolver y que confiaba en él, y en efecto ella le hizo un giro de dinero y el recibió ese dinero lo tomó en préstamo con el compromiso de devolverlo siempre y la relación fué creciendo y creciendo hasta que un dia Juan consiguió trabajo y le dijo:
-Oye María, quiero devolverte el dinero y de paso quiero conocerte no quería mandártelo por correo, quier llevártelo yo y además quiero llevarte un libro que me regalaron que es para mi es muy importante y quiero que lo tengas, así que estoy planenado, por cosas del trabajo, tengo que hacer un viaje al norte del país estoy planeando ir a Salta, querrías encontrarte conmigo ?
Y entonces ella le dijo;
- Me encantaría que nos encontremos.
- Me vas a mandar una foto? -dijo él.
- No, no, no, no nada de fotos.
- Pero como te voy a reconocer?
- Mira, quedemos en un día en una hora, en Salta en el monumento a Güemes, debajo del monumento de Güemes voy a estar yo, voy a tener un ramo de violetas en la mano y voy a estar esperándote a esa hora.
Y a el no le gustó mucho la idea de no saber como era físicamente pero bueno, allí fué.
Cuenta esta historia que el viajó, que llegó a la ciudad de Salta una media hora antes de la cita que preguntó donde estaba la estatua de Güemes y que con su libro en la mano se dirigió al lugar donde se iba a encontrar.
Camino al centro de la ciudad donde se encuentra el monumento a Güemes, haciendo un poquito de tiempo, caminaba lentamente y vió venir una chica hacia él, era realmente deslumbrante, hermosa, una morena con un vestido azul bastante ajustado una falta bastante corta con unos ojos preciosos y cuando la miró por un momento dijo: – Ay, que lindo sería que fuese esta la chica – pensó. -Que pena que no es porqué es preciosa.
Pasó por al lado de la chica ésta lo miró, le sonrió y el también sonrió y siguió adelante su camino hasta la cita y finalmente llegó…
Y cuando llegó debajo de la estatua de Güemes había una chica, no tenía la edad que él había escuchado que tenía la otra,
le pareció que era un poquito mayor, de hecho era un poquito más bajita de lo que la imaginó, no era demasiado linda de rasgos un poquito excedida de peso pero estaba allí, paradita, quietita con un ramo de violetas en la mano esperando.
Por un momento pensó, ella no sabe nada de mi, podría irme, después de todo podría después escribirle y decirle que no pudo viajar y.. porqué el no podría tener nunca nada con esa chica porqué no le gustaba para nada y por un momento dudó y escondió su libro detrás de la espalda y dudó si irse.
Pero después pensó que esta mujer, María, era la mujer que le había ayudado, la mujer que había hablado con él durante tantos meses, la mujer que le había mandado dinero, la mujer que lo había escuchado en sus peores cosas, la mujer que conocía todos sus secretos y pensó que el no podia no estar ahí.
No importa que no fuera su pareja, no importa que no terminaran en nada, él tenía que acercarse, y entonces se acercó y le dijo a la señoria;
-María, soy yo Juan, aquí está el libro que te prometí. Y la mujer le dijo.
-Este… mire joven, yo no soy María. No entiendo no nada de lo que está pasando, este ramo de violetas me lo regaló una señorita preciosa de traje azul que estubo aquí y me dijo que si se acercaba alguien y le regalaba un libro le dijera que ella le está esperando en el restaurant el tropezón que está a dos cuadras de aquí. Me dijo que era una especie de prueba.
No se puede hacer pruebas en el amor, pero a veces uno necesitas tener la confirmación de que el otro está con quien está por quién es, no por como luce o por lo que tiene.
http://www.youtube.com/watch?v=sUwb-xZ3Evg
